En busca de la muchacha hermosa

La idea de ese recuerdo muriendo, desapareciendo en la nada, iba por momentos convirtiéndose, en la cabeza de la muchacha, en una especie de cantinela de borracho, lo cual desagradaba a Hans. Las caras de aquellos hombres que tenían ojos tan lascivos, y sus risotadas y sus palabrotas, le causaban disgusto, como le disgustaba la torva faz de ... Descargar MP3 Muchacha Hermosa Peligro Norteno Gratis. Acabas de hallar Muchacha Hermosa Peligro Norteno.Y lo mejor de todo es que te hallas a nada de descargar mp3 gratis de muy buena calidad como no existen en otras paginas. Aquí te ofrecemos la oportunidad de escuchar música online, y como consecuencia, descargarla sin problemas, evitando que tu pc, o móvil inteligente, se infecte con ... Steve McCurry fotografió a 'la muchacha afgana' en un campo de refugiados de Pakistán. Tras una intensa búsqueda, el fotógrafo y un equipo de National Geographic la encontraron 17 años más tarde, desvelando así la identidad de la protagonista de una de las imágenes más célebres de la historia Eres la flor más bella, La que florece dentro de mí jardín Y quizás la aurora, con suave brisa del mes de abril, Es manantial tú risa, que te acaricia de flor de liz, Y esa carita hermosa, botón de rosa, me hace feliz Bonita, rosa de fresca mañana, Imagen de soberana, con mirada angelical Muchacha, la de carita risueña, Eres un ángel ... Descargar MP3 Grupo Peligro Bonita Muchacha Hermosa Gratis. Acabas de hallar Grupo Peligro Bonita Muchacha Hermosa.Y lo mejor de todo es que te hallas a nada de descargar mp3 gratis de muy buena calidad como no existen en otras paginas. Aquí te ofrecemos la oportunidad de escuchar música online, y como consecuencia, descargarla sin problemas, evitando que tu pc, o móvil inteligente, se ... Descargar MP3 Grupo Peligro Bonita Muchacha Hermosa Gratis. Al fin lograste encontrar Grupo Peligro Bonita Muchacha Hermosa.Y lo mejor de todo es que te encuentras a nada de descargar mp3 gratis de excelente calidad como no existen en otras webs. Por si fuera poco, vas a poder previamente escuchar música online, y como consecuencia, bajarla en forma segura, imposibilitando que tu computadora ... Como puede notarse, la mujer rusa se interesa por ir en busca de lo que no posee en su país de origen y como es de esperarse, el hombre mexicano no puede resistirse a la belleza de dichas mujeres. Las Rusas poseen ojos azules o verdes, su piel es clara y suelen tener cabello rubio, son delgadas y cuidan mucho su salud y aspecto físico. Al fin acabas de hallar Grupo Peligro Bonita Muchacha Hermosa.Pero por si fuera poco, te encuentras a solo un clic de descargar mp3 gratis de excelente calidad como no existen en otras paginas. Además, te permitimos escuchar música online, y a continuación bajarla en forma segura, imposibilitando que tu computadora de escritorio, o teléfono, se llene de archivos dañinos. Tenemos mujeres y fotos de mujeres en 50 paises alrededor del mundo. Estamos seguros que aquí con nosotros encontrarás mujeres maduras, mujeres hermosas, y mujeres lindas que más te podrían interesar. MejorAmor.com es más conocido por su selección de mujeres solteras y mujeres bonitas que son serias en su búsqueda de amor y pareja. Descargar MP3 Muchacha Hermosa Peligro Norteno Gratis. Al fin lograste encontrar Muchacha Hermosa Peligro Norteno.Y lo mejor de todo es que te encuentras a nada de descargar mp3 gratis de excelente calidad como no existen en otras webs. Por si fuera poco, vas a poder previamente escuchar música online, y como consecuencia, bajarla en forma segura, imposibilitando que tu computadora de ...

Es una ficción (Repost corregido para lectura en celular)

2019.10.09 06:02 Davidemagx Es una ficción (Repost corregido para lectura en celular)

Alejandro era un hombre casado
galán, buen mozo, inseguro
arriba en la escala social vivía con ella, su mujer,
a quien de oros bañaba y de afectos faltaba, con ella convivía
no la amaba por la noche y se notaba
después de mucho tiempo de pelearla
que ninguna promesa pasa el día.

Una noche de banderas blancas se subieron en el coche,
terminaron en un pub
en la barra el apoyado con la mujer entre los brazos,
miraba la multitud de caras entre flashes y neones
cuando la vio pasar, con el cielo en la mirada
y ella le devolvió la vista y la sonrisa
disimulado la siguió con los ojos hasta los baños
se excuso de la legal y se abrió paso a los trancazos

Entre codos y apretones llegó hasta la puerta
la espero ansioso con cada puerta abierta
finalmente la muchacha, hermosa y proporcionada
lo encontró allí parado como un blanco caballero
se comieron con la vista a simple encuentro
unas palabras de primera vez, "Ale"
"Victoria" dijo ella hundiéndose en un beso
y la mujer esperaba mientras, confiada y ya sin ánimos para reyerta

Los encontrados se dieron cita en la pantalla móvil
y se alejó el esposo con nueva alegría en el pecho
la trampa en la solapa y el pantalón sintiéndose estrecho
a encontrar a la mujer primera, a la legal
que no increpó la ausencia excusada en estar tranquila
"te saliste con la tuya" se dijo el esposo
después de un rato a casa ella quería sexo,
él se durmió como un oso

La mañana trajo un "buen día" de la divina
un regalo para el cansado, agua para el sediento
y cuidando de no despertar a la de la alianza
se deslizó fuera de cama y al baño
para devolver el mensaje a la paloma
Media hora y jugueteo, volaron textos y un video
tenía que verla pronto y se dieron lugar y fecha
"Esta noche 10:30" acordaban ellos soplar al viento

Pendiente estuvo de cada mensaje y cada hora
la legal lanzaba ostias que el no devolvía, lo agotaba, lo pudría,
"seguro tenes a otra" le decía
"¿qué decís? ¡enferma!" contestaba como escudado
"atendeme un poco, mirame, desgraciado"
"así como estás de loca no me tienta"
la pelea siguió por unas horas
"te vas a la mierda, loca" y coordinando con la fechoría a las 10 salía

La levantó en una vereda entre Salta y Buenos Aires
charla breve, charla necia, unas birras
en un bar el juego de lo nuevo, el gusto a no se debe
ella menor, de 17, el ya con 35
"Que linda parejita" comentó una vieja ingenua
y se hicieron los bonitos con todo y sonrojarse
para luego levantarse e irse a morir a un telo
el sexo fue divino, revolvieron hasta el suelo

En la cucharita los dos melosos
la nena jugaba con el pelo
y el le hablaba de la otra, la malvada
la bruja de la alianza y el recelo
del cansancio y de sentirse vivo en mucho tiempo
"No se que hiciste pero me gusta" dijo el blanco caballero
"a mi también me gusta" dijo la nena antes de un beso
y se enlazaron de nuevo hasta llegada la alborada

Pasaron los meses, la mujer era una fiera
él se atrincheraba o la ignoraba y guardaba su secreto,
su remedio ante aquel mal
su dama tras la cortina, la que ahora todo era
repitieron los encuentros, los hoteles y promesas
mal decía él a la bruja de la sortija
y ella lo envolvía con perfumes en los labios
no era hechicería, eran los años

Una noche más de hacerla suya
dejó en su vientre la semilla
la damita que lo amaba quería darle todo
y él parecía dispuesto de cualquier modo
se amaron otro rato con el cuerpo y las palabras
se dejaron como siempre, a las 7
"Te amo" decía ella
"Te amo" él le devolvía y se alejaba.

Una semana y Andrés que no llegaba
Victoria no dijo nada y marchó a la farmacia amiga
donde una mujer de bata rezaba "¿Que buscas?"
"Un test de embarazo" le pedía
y la mujer tomaba del estante una caja rosada mirando sin prejuicio,
"pasá por caja"
Victoria sonriendo para esconder los nervios
pagó en efectivo

"Positivo" decía el test
Victoria sintió su mundo darse vuelta
y vio la luz al final del túnel
así su amado estaría con ella
le escribió emocionada para darle la noticia
hubo un visto sin respuesta
las horas que pasaron angustiantes
y un mensaje, uno sólo "¿quién sos?"

La malvada ahora gritaba con fuerza redoblada
Alejandro la miraba mudo, ¿cómo pudo descuidarse?
le gritó "loca enferma" en su afán de victimizarse
y salió de la casa para no aguantarla
"Paso a buscarte donde siempre, soy yo"
avisó a la nena que preocupada respondió "¿estás bien amor?"
"hablamos luego", salió a toda marcha
a buscar la divina, su cura, su remedio

En el mismo primer telo después de haber cogido
se sentaron al debate los amantes
"Dame tiempo, te lo pido" dijo él casi atrevido
"Te amo, por supuesto, te quiero yo conmigo"
dijo ella tomándole la mano
y llevándola a su ombligo
pero el se mostró algo frío
puso al tiempo por excusa y la despachó con prontitud

Volvió a la casa de la guerra
y la malvada lo recibía con los bolsos preparados
"Me voy y quiero divorcio, quiero sangre, quiero todo" dijo
y Alejandro contemplaba sus males
discutieron y al final del griterío se encontraron como nunca
o quizás fue conveniente, la mitad perder es mucho
"Ella o yo" dijo la esposa
"Vos" aseguró el marido

"Te pido que ya no jodas, ese hijo no es mío ni lo quiero"
El blanco caballero se convirtió en zorro austero
"¿Yo te amo y me haces esto?"
"Es tu culpa por estar con alguien casado" dijo el monstruo
La bloqueó y se dio por desvanecido
Victoria quedó llorando la traición
con las manos en el vientre
y el llanto desgarrando el corazón

Mamá y papá supieron tras haberles confesado
a su rabia sumó reprobación
"Sos muy chica para ser madre"
y un tiempo luego la llevaron a un doctor
de moral y reputación manchadas
de matrícula revocada
en un caserón apartado a escondidas de los indiscretos
para no verse en la vecinada y la difusión

"Todo va a estar bien, nena" oró el carnicero
con chaqueta blanca y camisa negra
la acostó en una pieza que olía a muerte
y le puso un suero con algún mejunje
la dejó por varias horas sin mirarla
mientras los padres le recalcaban la vergüenza
con miradas reprobatorias y palabras aplastantes
Victoria sentía la vida escaparse

Sentada en el inodoro de ese lugar macabro
dejó casi su vida con la sangre
y así le dio de alta, cual jabalí atravesado por lanza
"Llevenla al hospital para que no muera" dijo el insensible,
"pero antes paguen que esto es mi negocio"
quiso insultarlo la madre pero bien sabia ella
que no escapaba de también
ser deplorable en esa tranza

Victoria ya estuvo en casa
Alejandro ni enterado
"Te amo todavía, es por vos que hago ésto. Adiós"
leía en el mensaje de texto
y se colgó del techo sofocada por la depresión
la encontró su padre y perdió la cordura
a los dos los sumió la culpa
y quisieron su justicia

"Ella estaría acá si no fuese por ese canalla"
gritaba el padre en la comisaría
la policía se hizo presente
y la mujer atendía histérica
llorando y arrancándose los pelos
Alejandro estaba en el sillón con la cara explotada
a sus pies como a un metro el arma asesina
"Fue suicidio" dijo la viuda

La causa leyó "suicidios"...

Los personajes y hechos relatados aquí no son reales
cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia
ustedes saben, no hace falta que les aclare
es otra de esas que no son verdad
una historia fabulada
es sólo ficción.

Fin.
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2018.09.19 16:58 lulydelmar1 Julia Bulette (1832-1867) La prostituta que se convirtió en leyenda. Fue asesinada. El día de su funeral miles de mineros, comerciantes y bomberos acompañaron su funeral. Virginia City estaba de luto por primera vez desde el asesinato de Abraham Lincoln

Era la madame del mayor burdel de Virginia City; sin embargo cuando se desató una epidemia de tifus, convirtió su “casa de citas” en un hospital para cuidar a los pacientes junto a sus chicas; además de ser un refugio para esclavos fugitivos.
Su figura es un claro ejemplo de los mitos y leyendas del viejo oeste. Periodistas y novelistas, vieron en su vida y muerte una buena historia, convirtiéndola en una heroína del oeste. Dicen que presumía de ser la primera mujer “soltera” en llegar a la zona, que tenía el mejor y mas lujoso burdel de la zona, hasta que fue asesinada en 1867.
Inglesa de nacimiento, emigró hacia Nueva Orleans con su familia (estudios recientes dicen que pudo haber nacido en Nachtez, N.O.). Hacia la mitad del siglo XIX, ya divorciada de un tal Smith\, llegó a** Virginia City
Ser la única mujer blanca de la zona, le hizo ganar fama entre los lugareños y podía ganar hasta 1000$ en un día. Era alta, delgada, de pelo y ojos oscuros, buenos modales, refinada y con un agudo sentido del humor. Se hablaba de su burdel, el Julia’s Palace como el más ostentoso y magnífico de la zona, estilo Rococó, con hermosas mujeres traídas de San Francisco vestidas a la última moda de París y donde se servían grandes manjares y vino francés.
Los mineros la adoraban, pues les ayudaba en tiempos de penuria e incluso convirtió su establecimiento en hospital ya que muchos enfermaron al beber whisky contaminado por el agua de la zona, además de ser un refugio para esclavos fugitivos. Socorrió a otros muchos tras un ataque indio. Los bomberos la nombraron miembro honorario, debido a las cuantiosas donaciones que realizaba para mejorar el equipamiento.
En enero de 1867, su cadáver desnudo fue encontrado por la sirvienta, había sido estrangulada, sus trajes y joyas robados. La conmoción fue enorme, se declaró luto oficial y cerraron todos los comercios de la ciudad. (1) Un año después y tras varios artículos sensacionalistas, especialmente los de el Territorial entreprise que elevaban a Julia Bulette a cotas que ni ella misma se imaginaría, se ahorcaría a su supuesto asesino, el francés John Millain\, ante 4000 personas, entre las que figuraba** Mark Twain
La realidad, es que era una muchacha algo enferma, que estaba en la ruina en el momento de su asesinato, gastaba más de lo que ganaba y no le alcanzaba para pagar las facturas. Fue una de tantas mujeres que se ganaba la vida con la prostitución y que emigraron hacia el oeste en busca de fortuna. Su palacio, era una modesta casa cerca de Union Street\, las “lujosas” comidas, las cocinaba su vecina a la que pagaba por ello, y tenía alguna pequeña ayuda de un hombre de origen chino, para las tareas mas pesadas como cortar y recoger leña en el crudo invierno de** Nevada
Todo muy alejado de esa imagen periodística y literaria que la hacia pasear por las calles de la ciudad, engalanada con los mejores trajes parisinos, y las joyas mas caras, subida en un lujoso carruaje bellamente adornado tirado por majestuosos corceles.
https://farwestjdr.wordpress.com/2014/08/21/julia-bulette-1832-1867/
http://www.territorial-enterprise.com/julia.htm
http://www.crimemagazine.com/legendary-virginia-city-madam-julia-bulette-murdered-1867
http://sweetheartsofthewest.blogspot.com.es/2013/04/julia-bulette-of-virginia-city-nevada.html
(1) Las minas, los molinos e incluso las tabernas cerraron por respeto. Al día siguiente, un frío lunes nevoso, una multitud asistió a su funeral en la estación de bomberos. Aunque los líderes religiosos se mantuvieron firmes con un reglamento de la ciudad de que ninguna prostituta debería ser enterrada en su cementerio, sus admiradores encontraron un lugar en una colina cercana que domina la ciudad. Hicieron los arreglos para un funeral católico formal y colocaron a Julia en un ataúd de mango plateado que llevaba un coche fúnebre de pared de vidrio con plumas negras.
Unos 60 bomberos condujeron la procesión a su tumba, seguida por la Brigade Nevada Militia Band. Con el acompañamiento de los cantos fúnebres de la banda, 16 carruajes, llenos de dolientes, rodaban detrás del coche fúnebre. Siguiendo su rastro, miles de desanimados mineros y comerciantes recorrieron la nieve racheada hasta el lugar de descanso final de Bulette.
Después de que varios hombres pusieron solemnemente en su lugar un marcador de madera con el nombre pintado de JULIA, la procesión bajó arrastrando los pies colina abajo. Los hombres de Engine Company No. 1 llenaron el aire helado con una versión desgarradora de "The Girl I Left Behind". La ciudad a la que regresaron estaba cubierta de negro por primera vez desde el asesinato del presidente Abraham Lincoln. Incluso los bares permanecieron cerrados. http://www.historynet.com/miners-virginia-city-julia-bulette-beloved-queen-comstock.htm

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2018.09.05 20:13 nara-txt La Beatrice de Demian

Vida secreta como la mía. Vida secreta como la de Demian, que a pesar de estar marcado por su estigma, se pierde en las multitudes. Secreto y efímero, como cualquier descripción que le pudiese adjudicar a mi Beatrice de papel. Quizá debía dejar que el pincel de mi vida fluyera libremente, como los colores de la musa. Y sí, pensé en varias ocasiones en enviarle una tercera carta a Demian, contándole de Beatrice, de mi adorada Beatrice, que no era precisamente mía, y que aun así invadía mis pensamientos y mis dias como si lo fuese. Pero ¿qué habría de contarle a Demian? Si ni siquiera podía definirla. Entonces, ¿qué podía decirle? ¿Cómo podía explicarle lo que Beatrice era para mí, cuando no podía adjudicarle una definición? Y con una brisa ligera que entró y le dio vida a mi retrato, pude darme cuenta de que sólo deseaba contarle sobre mi Beatrice de acuarelas.
Cualquier cosa que Beatrice de carne haya suscitado, se veía magnificado en las fibras del papel, que aunque no sostuviera ningún parecido a la Beatrice de Solomon, ni a la que caminaba aquella tarde por el parque, puedo decir que ella era mía, mi ideal y mi conversión de nuevo al mundo bordeado de un halo dorado; un mundo luminoso construido venerándola, un mundo que no era más que el resultado del desespero que tanto escondía bajo ese tapete grueso y pesado que llamé completa devoción a ella. Mi santa imagen, a quien ofrecí de sacrificio mi vida en la oscuridad.
Aquella noche soñé con la tarde en la que descubrí a mi adorada Beatrice, con aquel parque en medio de un atardecer primaveral cuando burbujeaba la vida, transitaba entonces por aquellos lados algún compañero del liceo que no pude reconocer, pero más importante, transitaba también Demian, con una muchacha, no, una estatua de mujer, figura imponente y dócil que lo acompañaba en aquella hermosa tarde. Cuando desperté la mañana siguiente creí conocerla, e instintivamente recurrí al retrato, pero no lograba reconocer el perfil de la mujer de mi sueño, ni lograba recordar el de Beatrice, provocando una punzada de dolor en mi pecho, que no era más que una intensa e irremediable desesperación. El pasar del tiempo me hacía recordar su inevitable ausencia, empequeñeciendo cada día más mis esperanzas de poder tenerla, mi Beatrice, mi Beatrice en acuarela, de una imagen, de una idea, lo cual no me dejó otra opción que asentarme en una vida sin ella, a una vida tan elemental como la que había sufrido desde mi nacimiento.
Mis días en el liceo transcurrían fluctuantes, a veces rápidos y a veces lentos, siempre con mis largas y solitarias caminatas por el parque, siempre con aquel corazón voraz. Pronto estuve profundo de satisfacción con la paz que mi vida luminosa transcurría. Dejé de ser un río para convertirme en un estuario, acompañado de mi retrato que reposaba, secreto que no compartiría, que contemplaba todas las tardes al regresar del instituto, con la cabeza inundada por inútiles fórmulas matemáticas.
Este texto es un proyecto que pretende expandir los temas explorados en la novela filosófica "Demian" de Herman Hesse. Se busca especialmente examinar aquellos temas tocados en el capítulo que sigue los años del liceo de Emil Sinclair, como la obsesión, la fantasía y el amor. Texto original de u/nara-txt
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2015.12.08 18:33 timeiscoming [José Donoso] - Una Mujer

No recuerdo con certeza cuándo fue la primera vez que me di cuenta de su existencia. Pero si no me equivoco, fue cierta tarde de invierno en un tranvía que atravesaba un barrio popular. Cuando me aburro de mi pieza y de mis conversaciones habituales, suelo tomar algún tranvía cuyo recorrido desconozca y pasar así por la ciudad. Esa tarde llevaba un libro por si se me antojara leer, pero no lo abrí. Estaba lloviendo esporádicamente y el tranvía avanzaba casi vacío. Me senté junto a una ventana, limpiando un boquete en el vaho del vidrio para mirar las calles. No recuerdo el momento exacto en que ella se sentó a mi lado. Pero cuando el tranvía hizo alto en una esquina, me invadió aquella sensación tan corriente y, sin embargo, misteriosa, que cuanto veía, el momento justo y sin importancia como era, lo había vivido antes, o tal vez soñado. La escena me pareció la reproducción exacta de otra que me fuese conocida: delante de mí, un cuello rollizo vertía sus pliegues sobre una camisa deshilachada; tres o cuatro personas dispersas ocupaban los asientos del tranvía; en la esquina había una botica de barrio con su letrero luminoso, y un carabinero bostezó junto al buzón rojo, en la oscuridad que cayó en pocos minutos. Además, vi una rodilla cubierta por un impermeable verde junto a mi rodilla. Conocía la sensación, y más que turbarme me agradaba. Así, no me molesté en indagar dentro de mi mente dónde y cómo sucediera todo esto antes. Despaché la sensación con una irónica sonrisa interior, limitándome a volver la mirada para ver lo que seguía de esa rodilla cubierta con un impermeable verde. Era una señora. Una señora que llevaba un paraguas mojado en la mano y un sombrero funcional en la cabeza. Una de esas señoras cincuentonas, de las que hay por miles en esta ciudad: ni hermosa ni fea, ni pobre ni rica. Sus facciones regulares mostraban los restos de una belleza banal. Sus cejas se juntaban más de lo corriente sobre el arco de la nariz, lo que era el rasgo más distintivo de su rostro. Hago esta descripción a la luz de hechos posteriores, porque fue poco lo que de la señora observé entonces. Sonó el timbre, el tranvía partió haciendo desvanecerse la escena conocida, y volví a mirar la calle por el boquete que limpiara en el vidrio. Los faroles se encendieron. Un chiquillo salió de un despacho con dos zanahorias y un pan en la mano. La hilera de casas bajas se prolongaba a lo largo de la acera: ventana, puerta, ventana, puerta, dos ventanas, mientras los zapateros, gasfíteres y verduleros cerraban sus comercios exiguos. Iba tan distraído que no noté el momento en que mi compañera de asiento se bajó del tranvía. ¿Cómo había de notarlo si después del instante en que la miré ya no volví a pensar en ella? No volví a pensar en ella hasta la noche siguiente. Mi casa está situada en un barrio muy distinto a aquel por donde me llevara el tranvía la tarde anterior. Hay árboles en las aceras y las casas se ocultaban a medias detrás de rejas y matorrales. Era bastante tarde, y yo ya estaba cansado, ya que pasara gran parte de la noche charlando con amigos ante cervezas y tazas de café. Caminaba a mi casa con el cuello del abrigo muy subido. Antes de atravesar una calle divisé una figura que se me antojó familiar, alejándose bajo la oscuridad de las ramas. Me detuve observándola un instante. Sí, era la mujer que iba junto a mí en el tranvía de la tarde anterior. Cuando pasó bajo un farol reconocí inmediatamente su impermeable verde. Hay miles de impermeables verdes en esta ciudad, sin embargo no dudé de que se trataba del suyo, recordándola a pesar de haberla visto sólo unos segundos en que nada de ella me impresionó. Crucé a la otra acera. Esa noche me dormí sin pensar en la figura que se alejaba bajo los árboles por la calle solitaria. Una mañana de sol, dos días después, vi a la señora en una calle céntrica. El movimiento de las doce estaba en su apogeo. Las mujeres se detenían en las vidrieras para discutir la posible adquisición de un vestido o de una tela. Los hombres salían de sus oficinas con documentos bajo el brazo. La reconocí de nuevo al verla pasar mezclada con todo esto, aunque no iba vestida como en las veces anteriores. Me cruzó una ligera extrañeza de por qué su identidad no se había borrado de mi mente, confundiéndola con el resto de los habitantes de la ciudad. En adelante comencé a ver a la señora bastante seguido. La encontraba en todas partes y a toda hora. Pero a veces pasaba una semana o más sin que la viera. Me asaltó la idea melodramática de que quizás se ocupara en seguirme. Pero la deseché al constatar que ella, al contrario que yo, no me identificaba en medio de la multitud. A mí, en cambio, me gustaba percibir su identidad entre tanto rostro desconocido. Me sentaba en un parque y ella lo cruzaba llevando un bolsón con verduras. Me detenía a comprar cigarrillos, y estaba ella pagando los suyos. Iba al cine, y allí estaba la señora, dos butacas más allá. No me miraba, pero yo me entretenía observándola. Tenía la boca más bien gruesa. Usaba un anillo grande, bastante vulgar. Poco a poco la comencé a buscar. El día no me parecía completo sin verla. Leyendo un libro, por ejemplo, me sorprendía haciendo conjeturas acerca de la señora en vez de concentrarme en lo escrito. La colocaba en situaciones imaginarias, en medio de objetos que yo desconocía. Principié a reunir datos acerca de su persona, todos carentes de importancia y significación. Le gustaba el color verde. Fumaba sólo cierta clase de cigarrillos. Ella hacía las compras para las comidas de su casa. A veces sentía tal necesidad de verla, que abandonaba cuanto me tenía atareado para salir en su busca. Y en algunas ocasiones la encontraba. Otras no, y volvía malhumorado a encerrarme en mi cuarto, no pudiendo pensar en otra cosa durante el resto de la noche. Una tarde salí a caminar. Antes de volver a casa, cuando oscureció, me senté en el banco de una plaza. Sólo en esta ciudad existen plazas así. Pequeña y nueva, parecía un accidente en ese barrio utilitario, ni próspero ni miserable. Los árboles eran raquíticos, como si se hubieran negado a crecer, ofendidos al ser plantados en terreno tan pobre, en un sector tan opaco y anodino. En una esquina, una fuente de soda oscura aclaraba las figuras de tres muchachos que charlaban en medio del charco de luz. Dentro de una pileta seca, que al parecer nunca se terminó de construir, había ladrillos trizados, cáscaras de fruta, papeles. Las parejas apenas conversaban en los bancos, como si la fealdad de la plaza no propiciara mayor intimidad. Por uno de los senderos vi avanzar a la señora, del brazo de otra mujer. Hablaban con animación, caminando lentamente. Al pasar frente a mí, oí que la señora decía con tono acongojado: -¡Imposible! La otra mujer pasó el brazo en torno a los hombros de la señora para consolarla. Circundando la pileta inconclusa se alejaron por otro sendero. Inquieto, me puse de pie y eché a andar con la esperanza de encontrarlas, para preguntar a la señora qué había sucedido. Pero desaparecieron por las calles en que unas cuantas personas transitaban en pos de los últimos menesteres del día. No tuve paz la semana que siguió de este encuentro. Paseaba por la ciudad con la esperanza de que la señora se cruzara en mi camino, pero no la vi. Parecía haberse extinguido, y abandoné todos mis quehaceres, porque ya no poseía la menor facultad de concentración. Necesitaba verla pasar, nada más, para saber si el dolor de aquella tarde en la plaza continuaba. Frecuenté los sitios en que soliera divisarla, pensando detener a algunas personas que se me antojaban sus parientes o amigos para preguntarles por la señora. Pero no hubiera sabido por quién preguntar y los dejaba seguir. No la vi en toda esa semana. Las semanas siguientes fueron peores. Llegué a pretextar una enfermedad para quedarme en cama y así olvidar esa presencia que llenaba mis ideas. Quizás al cabo de varios días sin salir la encontrara de pronto el primer día y cuando menos lo esperara. Pero no logré resistirme, y salí después de dos días en que la señora habitó mi cuarto en todo momento. Al levantarme, me sentí débil, físicamente mal. Aun así tomé tranvías, fui al cine, recorrí el mercado y asistí a una función de un circo de extramuros. La señora no apareció por parte alguna. Pero después de algún tiempo la volví a ver. Me había inclinado para atar un cordón de mis zapatos y la vi pasar por la soleada acera de enfrente, llevando una gran sonrisa en la boca y un ramo de aromo en la mano, los primeros de la estación que comenzaba. Quise seguirla, pero se perdió en la confusión de las calles. Su imagen se desvaneció de mi mente después de perderle el rastro en aquella ocasión. Volví a mis amigos, conocí gente y paseé solo o acompañado por las calles. No es que la olvidara. Su presencia, más bien, parecía haberse fundido con el resto de las personas que habitan la ciudad. Una mañana, tiempo después, desperté con la certeza de que la señora se estaba muriendo. Era domingo, y después del almuerzo salí a caminar bajo los árboles de mi barrio. En un balcón una anciana tomaba el sol con sus rodillas cubiertas por un chal peludo. Una muchacha, en un prado, pintaba de rojo los muebles del jardín, alistándolos para el verano. Había poca gente, y los objetos y los ruidos se dibujaban con precisión en el aire nítido. Pero en alguna parte de la misma ciudad por la que yo caminaba, la señora iba a morir. Regresé a casa y me instalé en mi cuarto a esperar. Desde mi ventana vi cimbrarse en la brisa los alambres del alumbrado. La tarde fue madurando lentamente más allá de los techos, y más allá del cerro, la luz fue gastándose más y más. Los alambres seguían vibrando, respirando. En el jardín alguien regaba el pasto con una manguera. Los pájaros se aprontaban para la noche, colmando de ruido y movimiento las copas de todos los árboles que veía desde mi ventana. Rió un niño en el jardín vecino. Un perro ladró. Instantáneamente después, cesaron todos los ruidos al mismo tiempo y se abrió un pozo de silencio en la tarde apacible. Los alambres no vibraban ya. En un barrio desconocido, la señora había muerto. Cierta casa entornaría su puerta esa noche, y arderían cirios en una habitación llena de voces quedas y de consuelos. La tarde se deslizó hacia un final imperceptible, apagándose todos mis pensamientos acerca de la señora. Después me debo de haber dormido, porque no recuerdo más de esa tarde. Al día siguiente vi en el diario que los deudos de doña Ester de Arancibia anunciaban su muerte, dando la hora de los funerales. ¿Podría ser?... Sí. Sin duda era ella. Asistí al cementerio, siguiendo el cortejo lentamente por las avenidas largas, entre personas silenciosas que conocían los rasgos y la voz de la mujer por quien sentían dolor. Después caminé un rato bajo los árboles oscuros, porque esa tarde asoleada me trajo una tranquilidad especial. Ahora pienso en la señora sólo muy de tarde en tarde. A veces me asalta la idea, en una esquina por ejemplo, que la escena presente no es más que reproducción de otra, vivida anteriormente. En esas ocasiones se me ocurre que voy a ver pasar a la señora, cejijunta y de impermeable verde. Pero me da un poco de risa, porque yo mismo vi depositar su ataúd en el nicho, en una pared con centenares de nichos todos iguales.
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