Salir con los números de patentes

Ante un creciente aumento en la venta de vehículos nuevos, en 2007 el Registro Civil tuvo que implementar un nuevo formato de placas patentes únicas (PPU). El de dos letras y cuatro dígitos (AB-1234) se estaba agotando. En la oportunidad se optó por un esquema de cuatro letras y dos dígitos (BCDF-12). En dos semanas, los 0K van a salir con la patente nueva Tiene 7 caracteres y será común en todo el Mercosur. Es para los coches y motos que se patenten a partir del 1° de abril. Muy bien lo de las salidas,pero como siempre con este Gobierno no esta claro, dicen 'una hora por día' y después 'Al mismo tiempo el sistema de salidas por números de patentes y DNI sigue vigente', entonces no es una hora por día, sería ' 2 veces una hora por semana para algunos y una vez una hora por semana para los otros, los que le tocan el domingo'. Las fuerzas de seguridad que realicen los controles en los accesos a la costa atlántica y countries bonaerenses revisarán exhaustivamente la documentación de los conductores y entrecruzarán los datos de las patentes de los vehículos con los nombres y los domicilios de los ocupantes, con el fin de impedir la circulación masiva durante la Semana Santa. Las fuerzas de seguridad que realizan los controles en los accesos a la costa atlántica y countries bonaerenses revisarán exhaustivamente la documentación de los conductores y entrecruzarán los datos de las patentes de los vehículos con los nombres y los domicilios de los ocupantes, con el fin de impedir la circulación masiva durante la Semana Santa. Las patentes pueden ser una parte importante de una operación comercial establecida, ya que la obtención de un derecho legal exclusivo sobre ideas, diseños y productos puede agregarse a la línea de fondo. A la inversa, para empresas individuales, pequeñas empresas y nuevas empresas, la complejidad y los gastos del proceso pueden ser considerables. Al momento de comenzar los trámites para renovar la licencia de conducir o de transferir un vehículo al nuevo propietario, puede suceder que se descubran deudas de patentes (y en algunos casos ... Las fuerzas de seguridad que realicen los controles en los accesos a la costa atlántica y countries bonaerenses revisarán exhaustivamente la documentación de los conductores y entrecruzarán los datos de las patentes de los vehículos con los nombres y los domicilios de los ocupantes, con el fin de impedir la circulación masiva durante la Semana […]

[Guía Rápida] ¿Qué hay que tener en cuenta ante un choque con el auto?

2019.03.20 01:15 DrGenial [Guía Rápida] ¿Qué hay que tener en cuenta ante un choque con el auto?

Por experiencia personal, no hay nada peor que tener un siniestro (es el término correcto) con el auto y no tener idea qué es lo que se viene, así que acá algunos temas a tener en cuenta.
Responsabilidad:
El tema de quién tiene la responsabilidad en cada siniestro (dentro de un caso normal donde chocan un par de vehículos) es difícil de determinar por generalidades, porque depende mucho de las características de cada paso. Los casos más genéricos a tener en cuenta son:
Pero insisto, cada caso tiene sus particularidades.
Tips a tener en cuenta:
¿Y cómo reclamo?
Bueno, chocaste. La responsabilidad fue del otro (si fue tuya, no le podés reclamar a nadie salvo que tengas seguro contra todo riesgo). Te quedaste tranquilo, sacaste fotos, están todos bien. Y sobre todo, hiciste la denuncia ante tu aseguradora en el primer momento que pudiste. Tenés tres opciones:
Tené en cuenta que si te hiciste estudios médicos y tenés daños en la columna (y agrego, TODOS tenemos la columna en no muy buen estado con o sin siniestro) la compañía te va a ofrecer un monto algo mayor para evitar todo tipo de responsabilidad por futuros daños. Seguramente te hagan revisar por un médico de ellos que te va a hacer preguntas para determinar si las lesiones son por tu ritmo de vida o por el siniestro (léase, si le decís “estoy sentado 16hs por día en la computadora y levantando bolsas de cemento” van a asumir que el daño te lo hiciste vos, pero si cuando le contás tu vida no surge nada que lo indique, van a asumir que es daño del siniestro).
La conveniencia de cada vía es según tu caso particular. Algunos necesitan la plata ya, otros prefieren sacar más dinero yendo a juicio. A otros la compañía les ofrece migajas (o no se hace cargo) y hay que ir a juicio.
[PRO TIP]:
¿Tenés contratada la aseguradora La Caja? Que bueno. Mañana llamá y dala de baja, contratá otra. Mi experiencia de larga data (en mi primer trabajo teníamos cientos de juicios contra La Caja) es que pagan poco, pagan tarde, trabajan mal, no te atienden, si ven una brecha para no pagarte, lo van a intentar, los analistas de siniestros que tienen son UN DESASTRE y siquiera es barata. Y como si fuera poco, son bastante miserables pagando honorarios a abogados (pagan un porcentaje menor que las demás). No tienen una sola ventaja. ¿Cuáles recomiendo? Todas las que son más o menos conocidas están bien, alguna es un poco mejor, alguna tendrá un par de cosas menos, pero las conocidas suelen andar bien. Vale la pena fijarse si la compañía que contratan es parte del CLEAS (un sistema que tienen entre varias compañías donde (dentro de ciertos parámetros) si chocan entre dos asegurados de alguna de ellas, en poco tiempo las compañías deciden quién tuvo la responsabilidad y al que no tuvo la culpa le devuelven el auto arreglado –a lo sumo te hacen elegir taller a vos-). La Caja no es parte del CLEAS. Ok, me van a insistir con que de sugerencias: SanCor es de las más económicas y funciona bien. No es la que yo tengo, porque cuando los llamé para contratarlos, jamás me contactó nadie de la compañía como me prometieron. Una de cal, una de arena.
STORYTIME 2:
En mi última experiencia personal con La Caja (la de la historia 1), estuve CUATRO MESES intentando que el estudio analista de siniestros me de una respuesta. Con el auto inutilizado. Un día me decían una cosa, otro día otra (cuando lograba comunicarme, porque rara vez atendían el teléfono y no contestaban emails…). Gracias a una amiga que había trabajado en una aseguradora, me pasó el dato de otro estudio externo de La Caja y pude pedirles que se hagan cargo de mi caso. Solo porque eran conocidos de mi amiga tuvieron la consideración de revisar las fotos del hecho y ver que no coincidía con la denuncia del asegurado de ellos (es lo que me dijeron) y por eso lo llamaron para que cambie la denuncia. Dos meses después pude cobrar. Un importe un 25% menor al que necesitaba para el arreglo. Y eso porque peleé la primer oferta. Tengo entendido que los estudios analistas de siniestros de La Caja (no sé cómo trabajan en otras compañías) cobran más por siniestro resuelto mientras menos le paguen al reclamante.
STORYTIME 3:
Un familiar tuvo un siniestro con alguien asegurado en La Meridional. Trabajaron rapidísimo. Como mi familiar se había hecho estudios porque tenía dolor en la columna le pagaron un extra (arregló su vehículo y le terminó sobrando). A mí me pagaron un porcentaje de honorarios mayor al que ofrece La Caja (es más, me corrigieron el modelo de acuerdo que envié porque el porcentaje que había puesto era inferior al que ellos pagaban. Si no lo hubieran dicho, hubieran ahorrado dinero sin que yo jamás me di cuenta). Todos terminamos felices. Y eso que había sospechas de que el conductor del vehículo no se encontraba 100% libre de sustancias… Pero la Compañía nunca buscó zafar por ese lado. Un ejemplo, tengo el mayor de los respetos por ellos.
Malas noticias:
¿Chocaste con alguien sin seguro, sin papeles, en un auto que se cae a pedazos, estaba alcoholizado, etc? Bueno, si la otra persona no tiene seguro, tuvo la culpa, pero no tiene nada a su nombre ni trabajo en blanco… No le vas a poder cobrar a nadie. Es injusto, es horrible, pero pasa. Por eso TEMED, TEMED MUCHO a los vehículos que veas en la calle cayéndose a pedazos. Dejalos pasar, esquivalos, alejate. Son un peligro andante.
Aportes que surgieron del thread original
[TL;DR]
Si chocás, revisá que estén todos bien, sacá fotos, intercambiá datos y andá a la guardia. Hacé la denuncia de siniestro. Si la culpa es del otro prepará copia de DNI, licencia de conductor, título automotor y cédula verde/azul; denuncia de siniestro ante tu aseguradora y certificado de cobertura DE FECHA DEL SINIESTRO (son dos cosas que le pedís por teléfono a tu compañía y en el día generalmente te lo mandan por mail), fotos del vehículo (al menos una panorámica y que siempre se vea la patente), además de uno o dos presupuestos. Ahí te contactás con la otra compañía directamente o le pegás un tubazo a tu abogado, suele funcionar mejor. NO SEAS IDIOTA Y NO TE PONGAS A PELEAR EN LA CALLE, NO VAS A GANAR NADA. Ojo con pedir alcoholemia al otro conductor sin saber las consecuencias. Nunca te escapes. Y siempre pegale un llamado a tu abogado de confianza.
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2017.08.14 08:53 Subversivos Odio a muerte en la España profunda

Sucedió el domingo 26 de agosto de 1990 a última hora de la tar­de en un lugar llamado Puerto Hurraco, un pueblo profundo de Ba­dajoz con 205 habitantes censados y protegido por dos montes ne­gros con forma de ala. Los hermanos Emilio y Antonio Izquierdo, de 56 y 58 años, se apostaron en un callejón, descargaron sus escopetas de repetición y abatieron a quince personas. Nueve de ellas murie­ron entre esa fecha y el 10 de septiembre y las seis restantes fueron reponiéndose con desigual fortuna: todas han quedado marcadas por la tragedia, pero algunas tendrán que soportar el recuerdo en una silla de ruedas.
LOS SUCESOS DE EL PAÍS Puerto Hurraco, odio a muerte en la España profunda Los reportajes y ensayos de esta veraniega serie han sido extraídos del libro Los sucesos de EL PAÍS, publicado en 1996 como parte de la conmemoración de los 20 años del diario, lanzado el 4 de mayo de 1976. Históricas firmas del periódico, como Rosa Montero, Juan José Millás o Jesús Duva desmenuzan algunos de los crímenes que han marcado la reciente Historia de España, de la matanza de Atocha al crimen de los Marqueses de Urquijo.
En un principio, los hermanos habían venido decididos a asestar un golpe de muerte a la familia Cabanillas —las dos hijas de Antonio Cabanillas, de trece y catorce años, fueron las primeras en caer—, sus enemigos frontales desde los años veinte, pe­ro el olor de la pólvora y la sangre que corría pendiente abajo por la calle principal les dejó clavados en el suelo y en el gatillo. Al final, dispararon sobre todo lo que vieron. Emilio huyó al monte después del primer cargador. Antonio se quedó allí todavía un rato, hasta agotar el segundo. Horas después, de madrugada, la Guardia Civil tuvo que sacar a tiros a los dos hermanos de un cercano olivar en el que se habían refugiado —tanto, que dos guardias civiles resultaron gravemente heridos. Luego, se comentó que por qué no habían huido, por qué habían quedado atrapados en el lugar rabioso de su cri­men. Tal vez, la venganza, que les había atado a Puerto Hurraco du­rante toda la vida, les atara también después de llevarla a cabo.
El suceso se vivió en España con la extrañeza y el temor de quien se encuentra frente a páginas del pasado resucitadas con actores de carne y hueso. La década recién inaugurada quería significar el ine­luctable fin de aquella otra España de oscura conciencia, aislada del mundo y sobreviviendo dificultosamente de recursos escasos y entre penas y culpas que se colaban por los callejones históricos del pesi­mismo y de la tristeza. Eso había terminado. Estábamos en Europa y ya habíamos dado los primeros pasos hacia una modernidad con­sensuada por los propios y arropada por los extraños. Muchos vie­ron en Puerto Hurraco una fotografía antigua o el último latigazo de un mundo que se extinguía, pero muchos otros se enfrentaron, con una perplejidad interrogante, a un suceso real y presente que ponía en cuestión la idea actual de España, siempre vista a través del pris­ma urbano, cubierta por la sombra avanzada de la capital y de las capitales. Aquí se cifraba la incógnita: se trataba del pasado o se tra­taba de ignorancia del presente.
Dos días después de la matanza, el suplemento dominical del dia­rio EL PAÍS envió a quien esto escribe y al fotógrafo Miguel Gener a buscar las claves de un suceso que reunía paradojas suficientes co­mo para pensar que la averiguación no había concluido con la me­ra información del desastre.
Detrás de los visillos
La primera impresión de Puerto Hurraco, una estrecha calle principal en cuesta, a última hora de la tarde espesa y caliente de agosto, con una mujer que todavía fregaba en las paredes y en el cemento las manchas de sangre, y puertas cerradas a cal y canto, fue la de estar visitando un pueblo con gente vigilando detrás de los visillos de la ventana. De vez en cuando se escuchaba, casi exagera­damente, casi como si uno se lo estuviera inventando o esperase in­ventárselo, un cerrojo que recorría la calle, que salía del pueblo y que se perdía en una resonancia entre los omóplatos de los dos mon­tes negros que planeaban siniestramente sobre las casas blanquea­das. No había nadie en la calle y las únicas figuras visibles eran las de dos guardias civiles sentados en un cuatro latas ladeado sobre una cuneta a la entrada del pueblo.
MÁS INFORMACIÓN Puerto Hurraco, odio a muerte en la España profunda Todo lo publicado en EL PAÍS sobre el caso 2015: Puerto Hurraco quiere olvidar 2010: El último de los asesinos se ahorca en su celda 1994: 688 años de cárcel para los hermanos Izquierdo De vez en cuando, algún vecino cruzaba velozmente y miraba al­rededor como si tuviera que cerciorarse del lugar en que vivía. Con el paso del tiempo, se terminaba descubriendo a otros periodistas y fotógrafos, que salían apresuradamente de una casa para entrar en otra y que ya habían adoptado los hábitos clandestinos de la pobla­ción. El día que siguió al entierro de las víctimas, entre el fragor de cepillos que intentaban borrar la sangre del domingo, un vecino pi­dió a los reporteros que no se marcharan, «porque así se sentían más protegidos». Pero, al mismo tiempo, no aceptaba hospedajes «por temor a represalias». La guerra de Antonio y Emilio Izquierdo ha­bía derivado en una guerra interna: a ver quién dice y qué a los pe­riodistas.
En los días siguientes a la matanza, uno de los aspectos más sorprendentes —para un recién llegado— era el clima de tensión que se había creado entre los propios vecinos. Daba la impresión de que la alarma no había dejado de sonar todavía y de que esta vez el peligro no iba a venir de afuera —Emilio y Antonio vivían en Monte­rrubio de la Serena—, sino de los intestinos de la aldea. La razón, sencilla, pero que tardaba en descubrirse, tenía que ver con los in­trincados lazos de parentesco de los habitantes de Puerto Hurraco. Los Izquierdo y los Cabanillas se odiaban, y el hecho es que una buena parte de las familias de Puerto Hurraco eran Cabanillas o Iz­quierdo, pero una parte aún mayor había mezclado sus apellidos con el sistema endogámico tan habitual en las zonas rurales y aisladas del interior de la península. De forma que los Cabanillas Izquierdo o los Izquierdo Cabanillas suponían un verdadero grueso de la po­blación.
El cementerio era una prueba contundente de esta tupida red de peligros. Situado a un costado de la carretera general, rodea­do de un campo que parecía en estío permanente, mostraba con to­da claridad y en letras de molde la hegemonía de los dos apellidos y de sus mezclas. Para mayor enrarecimiento, en la catástrofe del do­mingo había muerto una cuñada del marido de Emilia Izquierdo, la tercera hermana en discordia junto a Luciana y Ángela —a las que más tarde se acusaría de haber inducido a sus hermanos al asesinato.
En esos días, cada cual podía imaginar la amenaza en el interior de su propia casa o lindando con la del vecino. Todo dependía del bando en que cada uno decidiera alistarse o se sintiera incluido, ha­bida cuenta de que todos y cada uno tenían innumerables posibili­dades de pertenecer a ambos. Por tanto, una cierta arbitrariedad surgida de lo que no se sabía del otro, del próximo, cuyos verdade­ros sentimientos podían haber estado escondidos o disimulados para brotar ahora repentinamente, se unía a la conmoción y al miedo generalizado. La ecuación resultante era, pues, miedo más arbitra­riedad y su solución, una incógnita. Curiosamente, esos mismos tér­minos habían estado, como se vería después, en el origen de la tra­gedia.
Los días que siguieron al suceso fueron días temidos. Había mie­do al regreso de las hermanas presuntamente instigadoras, Luciana y Ángela, evaporadas desde la semana anterior; miedo a Antonio Cabanillas, el padre de las niñas asesinadas; miedo a la respuesta de las distintas ramas de las distintas f31nilias, dentro y fuera del pue­blo; y, sobre todo, un miedo contagioso a que la cuerda del último drama tirase de otros dramas sobre los que el olvido había trabaja­do como una lápida. Algunos vecinos hablaban ya de hacer las ma­letas y de cerrar los escasos negocios. Se temía el éxodo.
Fuera de esto, existía también una aprensión —causada por esta estructura de parentesco— relacionada con que ciertas historias sa­lieran a la luz. Una especie de pudor repentino de una aldea endo­gámica acostumbrada a guardar sus conflictos. Y también un tem­blor vergonzoso a aparecer como el reflejo miserable de esa España profunda, tan traída y llevada por los libros, por el cine y por la te­levisión, de niños en las tinajas, campesinos obtusos y sanguinarios, y malevolencia rural.
En el fondo, con unas cosas y con otras, se estaba jugando la su­pervivencia del pueblo. Había algo más que una disputa sangrienta entre familias: se había puesto en peligro la supervivencia colectiva.
Cuando los vecinos se decidían a hablar era para defender esa su­pervivencia. Insistían, de un modo que se dirigía en primer lugar a su propio convencimiento, como si la presencia del interlocutor sir­viera sobre todo para escucharse a sí mismos, en que el estallido no afectaba más que a los «amadeos» y a los «patas pelás», ramas par­ticulares de los Cabanillas y de los Izquierdo. Aceptar la idea de una guerra entre los Cabanillas y los Izquierdo, sin matices y sin reduc­ciones, era transigir con la idea de una guerra universalizada y con la previsión de una hecatombe a la vuelta de la esquina. Fuera co­mo fuese, el primer gesto de la supervivencia consistía en espantar los fantasmas de una contienda colectiva, particularizando el con­flicto hasta contenerlo en su territorio más pequeño.
La supervivencia, además, merecía la pena en términos objeti­vos. Los términos estaban relacionados con la reciente prosperidad del pueblo, tradicionalmente dedicado a la aceituna, el grano, los cerdos y las ovejas. Las subvenciones estatales y el empleo comuni­tario habían hecho crecer el nivel de vida en los últimos cinco años. Se veían casas nuevas y reformadas por todas partes, las calles es­taban asfaltadas y en los pequeños negocios se respiraban aires de beneficio. Para entenderlo mejor, había que remontarse a la historia de una aldea que no conoció la electricidad hasta los años se­tenta, el agua corriente hasta los ochenta y el asfaltado de las calles hasta hacía seis años. Por primera vez, aquella conciencia colecti­va, secularmente cerrada al mundo, había empezado a asomarse a él. Los defensores de la tesis de la tragedia aislada luchaban con­tra la memoria en una atmósfera de pólvora antigua. Era la memo­ria de una aldea fundada por familias Izquierdo provenientes del cercano Helechal en el siglo pasado y que, a principios de la centu­ria, se encuentran conviviendo con extraños que regresan de una emigración cubana.
En ese momento comenzó la guerra, la guerra de los Camariches (Izquierdo) contra los Habaneros (Cabanillas). Es decir, la guerra de los fundadores contra una familia de intrusos llegada de Cuba. A la vista del entramado presente de parentescos, la resurrección de ese conflicto significaría la guerra de todos contra todos. Después de tan­tos años, y estando tan cerca ya del mundo contemporáneo, los habi­tantes de Puerto Hurraco temían, tras el nefasto domingo de agosto, levantarse por la mañana pensando que cualquiera podía ser un ene­migo, que la fiera dormida podía despertar y llenar el aire de zarpa­zos. Como si no hubiera pasado el tiempo o como si hubiera dado igual que el tiempo hubiera pasado. En ese aspecto, sus sentimientos eran muy semejantes a los sentimientos con que el resto del país les contemplaba. Mientras el país entero, a su vez, se sentía observado por los nuevos y modernos amigos europeos, los mismos que habían surtido la leyenda negra española de hechos que la confirmaban ejemplarmente, de hechos muy semejantes a los de Puerto Hurraco. Seguramente, Puerto Hurraco hizo que los españoles se volvieran tan hipersensibles a la observación como los propios vecinos, y también desde esa oscura culpabilidad nutrida por la incertidumbre y la ig­norancia.
La historia olvidada
Existía, por tanto, una historia de Puerto Hurraco, una historia escondida y, al parecer, fatalmente olvidada, a la que se había re­gresado brutalmente a causa de ese mismo olvido.
Hacia 1920. Unos niños juegan en el polvo marrón de una calle­juela. Los hombres arrastran sus mulas en el campo y las dos len­guas de piedra negra que desde la montaña lamen Puerto Hurraco lanzan chispazos de luz. Los niños son Ángel Cabanillas, apodado El Rapa, y los hijos de La Torcía y La Daniela, ambas de familia Iz­quierdo. De pronto, se enredan en una gresca. El Rapa, de catorce años, se marcha a su casa. Al cabo de un rato, cuando quiere salir de nuevo a la calle, La Torcía y La Daniela le esperan armadas. La madre de Ángel Cabanillas no le deja salir. El incidente crea una tensión desproporcionada entre las familias. No hay un previo con­flicto de tierras, ni otro conocido. Pero la tensión alcanza los años si­guientes, cuando las familias aparecen en la historia completamen­te enconadas.
Año 1928 o 1929. Luis Cabanillas se interpone en la amistad de su hermana Matilde con Alejandro García Izquierdo. Alejandro pide ayuda a los parientes Izquierdo y traman esperar a Luis a la salida del salón de baile de Marcelo Merino. Son las últimas horas de la fiesta, el ambiente del salón está espeso y un amigo de Luis abre la ventana. Por encima de los tejados distingue el perfil lunar de los montes y, con la misma luz, a Alejandro y a sus primos apostados en una de las callejuelas. Luis hace cuestión de honor en salir mientras tantea la navaja que lleva en el bolsillo del pantalón. Antes de que los Izquierdo reaccionen, asesta una puñalada en el cuello a Alejan­dro García. El acuchillado nunca llegó a recuperarse totalmente. «Se quedó como atontado.» Luis Cabanillas fue condenado a siete me­ses de cárcel ya posterior destierro en Peñarroya.
Año 1935. Se repite el suceso con distintos protagonistas e inversa fortuna. Un baile en una fiesta cercana. Basilio Cabanillas ronda a Amelia Izquierdo, prima de Daniel Izquierdo, por mote El Dentis­ta. Al parecer, Basilio y Amelia se entienden. El Dentista interrum­pe la escena y discute con Basilio. El clima se caldea a lo largo de la noche. Finalmente, El Dentista lanza una amenaza y se marcha. Ba­silio regresa al pueblo caminando, sorteando pedregales y olivos en una noche cerrada. El Dentista surge de entre unos matorrales y le apalea hasta tumbarlo. Basilio consigue llegar a su casa y de allí a un hospital de Badajoz, donde tardará semanas en reponerse. Daniel Izquierdo, El Dentista, fue encarcelado y años después tuvo que pa­gar fianza para conseguir la licencia de escopeta.
Hasta estas fechas, los conflictos responden al esquema de Ca­mariches contra Habaneros. No hay disputas materiales de ninguna especie. Las disputas tienen trasfondo grupal y las heredan los pa­rientes por extensión consanguínea y cronológica. Se trata de los fundadores y de los emigrantes que legan a su descendencia una probable competitividad a escala local y sólo explicable dentro de un entorno cerrado donde el roce produce una marca cuya exposición continua tiende a pasar por herida.
El resto forma parte de una historia más y mejor manejada por los que todavía viven. Pasaron 26 años desde las andanzas de El Dentista hasta la desgracia siguiente. En ese plazo largo, que no se­ría el único de magnitud que mediaría entre catástrofes, los Cabani­llas y los Izquierdo debieron de fundirse en una maraña de lazos de parentela, que hoy son inextricables y amenazadores. Estos lazos parecían configurar una paz decisiva. Pero en Puerto Hurraco la paz ni se decide ni tiene dueños.
Años 50. Amadeo Cabanillas Caballero y Manuel Izquierdo, llama­do Mal Tiempo, echan ovejas en los tristes pastos de Puerto Hurraco. Las fincas lindan. No hay cercado, sólo un golpe largo de tierra amon­tonada que las separa. Las ovejas entienden mal la delimitación y se la saltan sin reflexionar. Otra gresca, de no grandes dimensiones, pe­ro que se conserva en la memoria como un hito de este prolongado ca­mino de desavenencias. El que algo así se conserve en la memoria es lo más inquietante de todo.
Año 1961. Se produce el primer choque entre Antonio Cabanillas -el padre de las niñas asesinadas-, todavía niño, y los futuros cri­minales de sus hijas, Emilio y Antonio Izquierdo. «Al niño le tupie­ron la boca de hierba.» El padre de las niñas asesinadas negó en esos días aciagos de agosto que tuviera jamás un roce con Antonio y Emi­lio. Aunque lo negaba no como si negara el hecho, sino como si ne­gara cualquier especie de memoria. Mientras se dirigía con su trac­tor al campo, dos días después de las desgraciadas pérdidas, de la boca de Antonio Cabanillas se escapaba la palabra «maldad» con una certeza religiosa.
El caso es que, sin moverse de la fecha, Amadeo Cabanillas Ri­vera, hijo del otro Amadeo y hermano de Antonio, discutió con Jeró­nimo y Luciana, hermanos de Antonio y Emilio por el asunto del chaval. Luciana se rompe un brazo al caer empujada por Amadeo: ésta es toda la historia de amor que vivieron y que en 1990 levanta­ba especulaciones acerca de un despecho sentimental que habría ali­mentado la última fase del resentimiento. Jerónimo esperó en la fin­ca de Las Pelícanas a Amadeo y lo mató de una cuchillada. Años de cárcel, psiquiátrico y destierro a Monterrubio, a seis kilómetros. El pueblo donde vivían y desde el que tramaron los hermanos Izquier­do la matanza.
1984, veintitrés años más tarde. La casa de Isabel Izquierdo, ma­dre de los convictos y hermana de Mal Tiempo, se incendia. La ma­dre muere, y las hermanas, que estaban esa noche en la casa, acusan a Antonio Cabanillas de haber prendido el fuego y al pueblo entero de no haberles ayudado. Lo cierto es que olvidaron a su madre entre las llamas y que muy pocos vecinos llegaron a despertarse esa noche.
  1. Jerónimo repite cuchillada en la Cooperativa de Monterru­bio, esta vez sobre Antonio Cabanillas, que tiene que ser ingresado. A partir de este momento, los Patas Pelás se enclaustran en su feu­do de Monterrubio. Los hermanos se dedican a jugar a las cartas y a toma: helados de corte, una especie de pasión. Luciana y Ángela van clamando justicia por las calles, se arrodillan delante del cuar­telillo de la Guardia Civil y obligan a los vecinos a desenchufar los frigoríficos ya parar los relojes de pared, por temor a que camufla­ran bombas. Una existencia entre la locura y el miedo, alimentada por confidentes y enzarzadores. Después de que la locura y el miedo hubieran fermentado lo suficiente y se hubieran descompuesto en su propio caldo de cultivo, llegó el domingo sangriento, tras las fiestas de agosto. «Vengo a por el Puerto, esto vengo esperando hace seis años», dicen que gritaba Emilio Izquierdo desde el callejón entre descarga y descarga de su repetidora.
Ruido de cerrojos
Esta historia pudo componerse a partir de fragmentos, de confi­dencias a media voz, hechas en el pequeño bar donde los parro­quianos se limitaban a jugar a las cartas y a vigilar permanente­mente a los periodistas o, tras llamar a alguna puerta, atravesar un largo pasillo y quedarse en el patio del fondo mientras los dueños de la casa echaban los cerrojos. Jamás se confiaban en grupo. Las úni­cas posibilidades dependían de encontrar a solas al interlocutor o de sacarle de la proximidad de los otros. Las mujeres y los hombres ha­blaban en su casa sólo a condición de que no estuviera el cónyuge. La mutua vigilancia a que todos se sometían daba como resultado un silencio a medias y, muchas veces, ficciones o falsedades.
Los más proclives a soltarse, y no mucho, eran los emigrantes que habían regresado para las fiestas y los que habían tomado la deci­sión de marcharse. Por lo general, se negaban a dar el nombre y sólo apuntaban la rama de Izquierdo o Cabanillas a la que pertenecían y cuya posición estratégica en el conflicto era prácticamente imposi­ble desentrañar para el forastero. La mayoría hablaba como Caba­nillas en esos momentos, pero un ligero contraste con el siguiente in­terlocutor arrojaba la idea contraria. No decían su nombre, aunque se denunciaban entre ellos. «Ése con el que dice que ha hablado es un Amadeo» o «ese es un Pata Pelá».
Al llegar la noche, los guardias civiles recomendaban severamen­te que los periodistas dejaran el pueblo. Entonces sí que sonaban los cerrojos más allá de toda atmósfera literaria. Miguel Gener hizo unas espléndidas fotografías de lo que era la noche en Puerto Hurraco, aguantando en aquella oscuridad tensa en la que las luces de los fa­roles se pegaban al suelo y dejaban recortado por encima el cielo an­cho, espeso y nocturno, de las tierras pacenses. Esas fotografías con­siguieron reproducir las tenebrosas impresiones que podría haber sentido cualquiera que se acercara a Puerto Hurraco horas después de la, carnicería. Algo así como meterse en un poblado fantasma del viejo Oeste, pero sin épica, cruzado por caminos que se fundían en la noche y con una carretera cercana que parecía el tramo final de todas las carreteras del mundo. Dentro de las casas, las luces se apa­gaban enseguida y entonces el cielo oscuro empezaba a pesar y a desplomarse como la tapa de un ataúd.
En Esparragosa o en Zalamea, a pocos kilómetros, la noche se vi­vía de muy distinta manera. La gente salía a tomar el fresco al qui­cio de la puerta, se veían corros de adolescentes en las puentecillas y paseantes que se adentraban en la tiniebla de los senderos. Eran las horas para respirar un poco de aire, después de los cuarenta gra­dos de secano que habían carbonizado el día. En Puerto Hurraco no se respiraba, los habitantes parecían contener el aliento hasta que pasara algo que se sentía próximo y fatal. Esa noche calurosa de en­cierro daba la verdadera temperatura del ánimo de la gente.
El día 30 de agosto las hermanas Izquierdo, Ángela y Luciana, salieron de un escondrijo de Madrid y tomaron el expreso de Bada­joz. A partir de ese momento iniciaron su escabroso periplo entre las pretensiones del fiscal, que las acusó de conspirar junto a sus her­manos -aunque la Audiencia de Badajoz revocó en febrero de 1992 el auto de procesamiento-, y su inexorable destino psiquiátrico en Mérida. Pero durante los cuatro días en que estuvieron desapareci­das, Ángela y Luciana se presentaban como la clave que podía des­cifrar los enigmas. Y también disolver el sentimiento de amenaza in­mediata que todavía pesaba sobre las gentes de Puerto Hurraco. Su desaparición había prolongado la inquietud, porque, sin lugar a du­das, tanto para los de Puerto Hurraco como para quienes estaban al tanto en Monterrubio de la Serena, había una diferencia sustancial entre el dedo que había apretado el gatillo y el cerebro que había en­viado la orden.
La casa de Monterrubio era una casa de pueblo de dos plantas pe­queñas embutida en una hilera y tan cerrada a cal y canto como, según decían, lo había estado en los últimos años, cuando los hermanos y hermanas Izquierdo vivían en ella. El diagnóstico del vecindario era tan concluyente como lo fue después el de la Audiencia. Eran dos mu­jeres mayores, de 49 y 63 años, prematuramente envejecidas, cuya existencia estaba organizada alrededor de los líos vecinales, que salían dando gritos de su casa y recorrían las calles insultando a sus parien­tes de Puerto Hurraco y a cualquiera de Monterrubio que se cruzara con ellas, que peregrinaban regularmente al cuartelillo y que, simple­mente, «no podían estar bien». En contraste, Emilio y Antonio rara vez protagonizaban un altercado. Parecían bastante pacíficos o quizá sólo tranquilos y, según la opinión del coro popular de Monterrubio, absolutamente dominados por sus hermanas.
Ninguno de los cuatro se había casado. La única pista sentimen­tal relacionaba a Luciana con Amadeo Cabanillas, en el famoso episodio que concluyó con fractura de huesos para la mujer y que inau­guró la última fase criminal entre las familias antagonistas. Luciana negó en días posteriores que hubiera existido semejante posibilidad, como no podía ser de otra manera. Los cuatro hermanos, por lo de­más, apenas salían de la casa de Monterrubio, donde las persianas estaban permanentemente bajadas y los pestillos echados. Allí fue­ron re cociendo su animadversión y sus malos sentimientos durante seis años.
Con todo ello viene el dilema. La matanza de Puerto Hurraco pue­de ser contemplada a la luz de una historia secular de rencillas y con­flictos que culminó de esa manera como podía haber culminado de cualquier otra parecida, o bien esa tragedia hay que observarla a tra­vés de esta última escena, mucho más reducida, mucho más actual, mucho mejor iluminada. Si fuera así, lo que se ofrece a la vista es el cuadro de cuatro hermanos encerrados en sí mismos, con antece­dentes psiquiátricos y con manifestaciones de desequilibrio patentes, aislados en un pueblo de Badajoz que ni siquiera es el suyo, armados hasta los dientes y profiriendo amenazas constantes, ante la pasivi­dad de instituciones y vecinos. Después se conocería el dominio pa­tológico que los mayores ejercían sobre los pequeños y también sal­drían a la luz abultados rumores sobre la vida de los Izquierdo. Pero no había ninguna necesidad de ello, porque un simple vistazo a los historiales clínicos, al entorno familiar en el que habían crecido y aprendido, a su vida cotidiana y a sus hechos cotidianos, habría bas­tado para anticipar un pronóstico de lo que podría ocurrir y de lo que fatalmente ocurrió.
Los desheredados
La historia de la España negra y profunda siempre ha servido ha­cia dentro y desde fuera. Desde fuera, el que más y el que menos ya sabe cómo ha funcionado. Pero, paradójicamente, también ha sido eficaz a la inversa, tapando la desidia de la sociedad civil y de las instituciones públicas, y arrojando al pozo sin fondo de la concien­cia de un pueblo que se ha movido entre la supervivencia y el olvi­do todos los desastres que nadie era capaz de asumir.
Desde un punto de vista literario y dramático conmueve descubrir que un pueblo de doscientos habitantes guarde en su memoria cen­tenaria un arsenal de disputas que van desde lo ridículo hasta lo ca­tastrófico, con nombres y apellidos, con detalles minúsculos trasmi­tidos de padres a hijos como las palabras de una liturgia, y que la tragedia corone finalmente esta memoria. Pero desde el punto de vis­ta de los hechos, lo único que se acerca a los motivos verdaderos —más allá de las leyendas que nos dejan tan enaltecidos como vulne­rables— es la constatación de que cuatro personas enfermas, indivi­dual y socialmente enfermas, armadas, aisladas y sin escapatoria an­te el mundo, explotaron un mal día en un clima colectivo de asombro que sustituyó automáticamente a una colectiva indiferencia.
Como en las malas películas, todo trató de resolverse judicial­mente. Los juicios tienen la virtud de aplicar condenas y de trasfe­rir las ideas de bien y mal a la potestad de un tribunal o de un ju­rado que, en realidad, sólo se ocupa de crímenes y castigos. El juicio de los hermanos Izquierdo causó la misma expectación que la trage­dia y dejó las cosas en el lugar donde se quedan las cosas intocables.
El 17 de enero de 1994, Antonio y Emilio Izquierdo se sentaron en el banquillo de los acusados, cuando ya se había decidido la re­clusión de sus hermanas en el hospital psiquiátrico de Mérida con un diagnóstico de «delirios paranoides». José Gómez Romero, el psi­quiatra que las tenía a su cargo, declaraba en esas fechas, tres años y medio después de su ingreso, que «Luciana y Ángela han mejora­do algo, poco a poco, pasean con otras internas y, sobre todo, Ánge­la ha desarrollado un poco de su personalidad, condicionada por la de su hermana hasta el punto de que, al principio, las cogías por separado y te hablaba utilizando las mismas expresiones que Lucia­na» (EL PAÍS, 23 de enero de 1994). En el juicio, los peritos psiquiá­tricos llegaron a la conclusión de que Emilio y Antonio Izquierdo su­frían «alteración de la personalidad de carácter paranoide». Cosa que, al parecer, «no alteraba el plano de la conciencia», si bien «so­bre esta personalidad, que constituye terreno abonado, hay una vi­vencia (la muerte de la madre) que es vivida de forma muy trau­mática por estas personas y se convierte en una idea sobrevalorada (la venganza) que invade el campo psíquico del sujeto. En este sen­tido estimamos que su capacidad volitiva podría estar disminuida» (EL PAÍS, 18 de enero de 1994). Dado que la psiquiatría se mueve por el mundo como si fuera una ciencia, hay cosas que los legos no pue­den entender. Por ejemplo, el que la conciencia no se altere cuando hay una idea sobrevalorada que invade el campo psíquico del suje­to, disminuyendo además su capacidad volitiva. Misterios del ser.
Los magistrados, en los fundamentos de derecho, afirmaron además que Emilio y Antonio no eran enfermos mentales, exponiendo el he­cho de que ambos «eran capaces de manejar un rebaño de ovejas de unas 1.000 cabezas» y que tenían fincas arrendadas, «consiguiendo, a pesar de la crisis por la que atraviesa el campo, poseer una carti­lla de ahorros con unos diez millones» (EL PAÍS, 26 de enero de 1994). Es decir, habría una relación inequívoca entre la salud mental y la gestión económica y agropecuaria. Estaríamos aquí ante una especie de protestantismo psicológico —visto a través de la doctrina de la predestinación mental.
Así pues, los delirios paranoides de los hermanos y de las herma­nas Izquierdo tuvieron distinto final como consecuencia de la dife­rente relación con el gatillo. La justicia actuó sobre los hechos y se limitó a sancionarlos, salomónicamente, con sus dos espadas con­temporáneas: el psiquiátrico y la cárcel. El 25 de enero de 1994, An­tonio y Emilio Izquierdo fueron condenados a 688 años de cárcel perfectamente divididos entre ambos como autores criminalmente responsables de nueve asesinatos consumados y seis frustrados. Los ponentes afirmaron que los dos hermanos prepararon por «vengan­za» un «plan de exterminio del mayor número de habitantes posible de Puerto Hurraco».
Aunque la Justicia dictó sentencia, y con ella la sentencia del ol­vido o del comienzo del olvido, lo cierto es que, más que disipar la temida imagen de España, la reveló en fotografías nuevas. La mitad locos o idiotas, la mitad asesinos carniceros. Y, sin embargo, habían pasado muchas otras cosas sobre las que no se podía dictar senten­cia como la abrumada existencia de esas cuatro personas encerradas en una casa de Monterrubio de la Serena hablando con sus fantas­mas en un idioma delirante, o la supervivencia en un entorno capaz de trasmitir de generación en generación la forma en que unas ove­jas se saltaron unas lindes de tierra amontonada para provocar una refriega. El mundo es complicado y la ley lo simplifica en términos de habitabilidad convencional, cuando la ley se cumple. Pero, con toda certeza, la masacre de Puerto Hurraco debió servir para llevar a la superficie una imagen de la España actual más allá de los tópi­cos y de las ideas conformadas a las que invita la desidia intelectual de la que somos ancestrales herederos. Muchas regiones rurales es­pañolas están todavía iniciando el siglo XX y esta situación no se re­fiere solamente a medios materiales de vida o a capacidad de pro­mover recursos, sino también al lugar que ocupan en el proyecto de este país. El abandono a su locura de los cuatro hermanos Izquier­do podría ser también el abandono a que se ha sometido a una vas­ta extensión de la vida española que no encuentra su sitio en ningún proyecto y que no se ve reflejada en ningún futuro. La España ne­gra no está hecha de ningún material particular. Si está hecha de al­go es de los ojos que no quieren mirarla.
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2017.03.01 17:16 lulydelmar1 Estado de "desecho"

Se llama Andrés Bódalo y está encarcelado en la prisión de Jaén desde hace casi un año. Cumple una condena de tres y medio por “agresión a la autoridad” pese a que testimonios y grabaciones de la Guardia Civil contradecían los hechos. La Audiencia de Jaén le denegó en enero el tercer grado por su peligrosidad social. Ya se sabe, es un reincidente que una y otra vez ha cuestionado al Sistema ocupando fincas, reivindicando derechos para los jornaleros, peonadas en el PER, la tierra para quien la trabaja y todas esas cosas que la gente de malvivir suele hacer en su búsqueda de una sociedad más justa. Se llama Andrés pero se podría llamar Francisco Molero, Diego Cañamero, Valtonic, César Strawberry, Carlos, Carmen, Alfon, Titiriteros, cinco de Buero, ocho de Yesa... A poco que reflexionemos queda patente que la criminalización de la protesta ha dejado hace tiempo de ser teoría para convertirse en práctica cotidiana. Ya nos faltan manos para calcular el número de represaliados, máxime cuando no van de uno en uno sino en tacada.
Se llama Iñaki Urdangarín. Es cuñado de rey y yerno de otro emérito famoso por su afición a coleccionar trofeos, sean éstos caza mayor o Corinnas de turno. Tras salir a la luz el latrocinio del caso Noos -y sintiéndolo mucho por lo que se palpa- ha sido condenado a seis años y tres meses de prisión. La interpretación de las leyes siempre es benigna cuando se juzga a la élite. El pasado 23 de febrero, se ha librado de ir a la cárcel. Y sin tan siquiera pagar fianza. A la vez que su esposa “yo no sé nada” quedaba definitivamente absuelta. Eso sí, para que quede clara la ejemplaridad de la condena, una vez al mes deberá comparecer ante la autoridad judicial de Suiza y procurar que no le salga la risa tonta. Como estamos en Carnaval parece que a los jueces les gustara disfrazarse de Tejeros al grito de “Seguimos golpeando”.
En 1981, tal día como hoy un teniente coronel bigotudo asaltó el Parlamento. Treinta y seis años después la sensación es parecida. Da grima leer ese artículo 1 del Título Preliminar de la Constitución de 1978 que reza: ”España se constituye en un Estado social y democrático de Derecho, que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político”. Y directamente invita a la carcajada el Artículo 14 del Título I (De los Derechos y Deberes Fundamentales) que en su ingenuidad se atrevió a decir: ”Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social”.
El jueves 23 de febrero de 2017 no es que se nos haya quedado cara de tontos, es que el Poder ha rotulado en la frente de todos los españoles la palabra mientras nos hacía un corte de mangas. Es lo que da la impunidad. Piensan que la actual sociedad hispana tiene la mansedumbre de un cabestro y confunden la falta de reacción con una perenne bula que le permite perpetrar todas las tropelías.
Hace tiempo que no se molestan ni en disimular al aplicar una y otra vez el doble rasero. Eso sí, a la ficción la siguen llamando “Estado de Derecho”. Nosotros sabemos que el término más acertado es el de “Desecho”.
X Juan Rivera. Colectivo Prometeo y Coordinador Mesa Estatal FCSM
Se llama Estado de Desecho
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2016.11.04 19:19 rasaho Carta abierta a María Dolores de Cospedal Garcia. " Tanto montan, montan tanto ". Que disgusto para los militares. Tienes muy contento a los Castellanos Manchegos. Pasen y lean.

Estimada María Dolores de Cospedal García:
Hablo como una castellanomanchega vilipendiada por su gobierno y por usted. Antes de todo, me gustaría dejar claro que me dirijo a usted en tercera persona porque el pueblo al que representa no ha perdido la educación que nos quiere quitar ni el respeto del que usted carece. Si digo que no tiene respeto no lo hago de manera fortuita, sino con conocimiento de causa. Cuando se ha reído de todos los castellanomanchegos a través de sus descabelladas medidas y reformas, se hace patente que nos ha perdido todo el respeto que merecemos.
Ha colocado usted a nuestra región en un sendero cuyo fin es un acantilado de miseria, analfabetismo y displacer que tan sólo unos cuantos son capaces de evitar. Esta capacidad no radica más que en lo boyantes que sean sus cuentas corrientes y su manejo en el arte de mirar para otro lado.
Castilla-La Mancha es la región que más ha recortado en educación en los últimos 4 años, casualmente el lapso de tiempo que usted ha estado en el poder. Nuestra región ha ido dando pasos hacia el siglo pasado en cuanto a la educación se refiere. Tras el despido de 15000 interinos, tras la supresión de la gratuidad de los libros, tras reducir el número y la cuantía de las becas y tras aumentar de manera más que significativa las tasas universitarias, no puede hacer gala de un cinismo mayor cuando dice que “la LOMCE garantiza una educación pública y de calidad para todos ya que se basa en la igualdad de oportunidades”. Es muy de ustedes los políticos decir que el futuro del país está en nuestras manos, en la de los jóvenes. Sin embargo, gracias a sus medidas y a las de su compañero Wert el futuro estará en las manos de 4 niños de papá que no han tenido que hacer mayor esfuerzo que el de desembolsar una cantidad de dinero desorbitada para ostentar un título de Grado o Máster. El resto de la juventud, entre la que me incluyo, tenemos que pagar nuestros estudios con el bienestar de nuestras familias, ya que para usted, y ahora le hablo en primera persona, una estudiante con un 9,5 de media en bachiller y unos ingresos por debajo de lo estipulado, no es merecedora de una beca para estudiar una carrera. Siga así, siga jugando con la educación de su pueblo, y lo convertirá en una región de ignorantes.
Por otro lado, señora Cospedal, también puede hacer gala de ser la mujer que ha provocado que Castilla-La Mancha sea el hazmerreír de España en cuestión de sanidad, con una disminución de la partida presupuestaria dedicada a ella del 11,6%. Usted, que demuestra una empatía nula para con su pueblo, no deberá tener ningún remordimiento al saberse culpable de que a centenares de enfermos domiciliarios se les haya quitado las fuentes de oxígeno que necesitan para su recuperación. De igual manera, se sentirá orgullosa de no incluir el agua mineral en la dieta de los hospitalizados, o de cerrar el servicio oncológico de Cuenca, con las muertes directas e indirectas que ello conlleva. Regodéese en el orgullo que debe suponerle haber anulado la financiación de la investigación del Hospital de Tetrapléjicos de Toledo o de haber aumentado las listas de espera en más de un 50%. Cúrese en salud por si algún día necesita alguno de estos servic… ¡ah! Disculpe, olvidaba que usted y los suyos tienen recursos más que suficientes para permitirse acudir a la sanidad privada y que los ciudadanos de a pie, a los que sólo nos sobra honradez y preocupación, debemos rezar por no caer enfermos en una región en la que la ineptitud no es de los profesionales sanitarios, si no del gobierno.
Por último y para no robarle más tiempo y que pueda continuar pensando cómo enriquecerse a costa de las ilusiones y esfuerzos de los manchegos, concluiré reflexionando acerca del papel de “salvadora de lo social” que ha ejercido en nuestra comunidad. Comenzó su mandato reduciendo el sueldo de los altos cargos para dejar claro que desde la clase política también había que llevar a cabo esfuerzos para salir de la crisis todos de la mano. Qué inesperada sorpresa cuando nos enteramos de que al cabo del tiempo el presupuesto destinado a la alta dirección había crecido en un 170% y pasado de 22 a 59 millones de euros. De igual manera, muchos manchegos no podíamos creer que usted, con lo honrada y generosa que ha demostrado ser con su pueblo, hubiera destinado más dinero al sueldo de 145 asesores que a los miles y miles de personas dependientes que hay en CLM. Es mucho más necesario tener contentos a unos cuantos asesores que garantizar el bienestar de los más necesitados. Para todos estos altos cargos sí existe dinero, pero desgraciadamente para que los viudos/as cobren sus pensiones o para que el gobierno pague los medicamentos de los discapacitados no. Todo esto por no hablar del cierre de comedores sociales o de verano. Gracias a usted hay niños que comen una vez al día y padres de familia pidiendo en la calle para sacar a su familia adelante.
En resumidas cuentas, señora Doña María Dolores de Cospedal García, quería pedirle que reciba con los brazos abiertos mi más sincera desaprobación, indignación e irritación por haber recortado 3000 millones de euros de los pilares básicos de una sociedad, la educación, la sanidad, y los servicios sociales.
Soy plenamente consciente de que esta carta no hará que no concilie el sueño, puesto que si no lo ha hecho ya su conciencia, pocas cosas lo harán. No obstante, deseo que el rugido de las tripas y el llanto de los niños cuya desnutrición lleva su nombre perturben sus sueños cada madrugada.
Con el amor a mi tierra y a mis paisanos que usted no tiene, se despide una joven avergonzada de tenerla como representante.
Ainhoa Montero: Saludos.-
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2016.05.30 12:37 EDUARDOMOLINA 26-J: Nueva oportunidad. Un cambio real que sólo puede hacerse desde la izquierda y que será apoyado por amplios sectores de las clases medias que saben hoy que la persistencia de la política neoliberal defendida por la vieja y nueva derecha lleva a su destrucción.

Por Carlos Barra Galán
http://www.nuevatribuna.es/opinion/carlos-barra-galan/26-j-nueva-oportunidad/20160529093446128752.html
"Es un hecho, los españoles tenemos una cita con las urnas el próximo 26 de Junio en unas nuevas elecciones generales, como consecuencia de la imposibilidad de formar gobierno tras los pasados comicios del 20-D.
Conocido por la ciudadanía todo lo acontecido en estos meses y convocadas nuevas elecciones, creo oportuno efectuar una serie de consideraciones:
Frente a quienes pretenden que en la campaña que se avecina, el principal foco de debate se establezca sobre lo acontecido en el periodo transcurrido desde el 20 de diciembre, me parece oportuno recordar que siendo obvio que los electores tomarán en consideración las actuaciones de las distintas fuerzas políticas en este periodo, sin embargo no es razonable hacer caer en el olvido la propia esencia de un proceso de elecciones generales que sin duda alguna es enjuiciar la labor del Ejecutivo saliente, cuestión que el P.P y los sectores económicos y financieros que lo apoyan tratan de minimizar con el apoyo de los medios de comunicación afines.
Los resultados del 20-D mostraron de manera clara un rechazo mayoritario a la política del gobierno de Mariano Rajoy, que pese a ser la fuerza política más votada sufrió una caída en votos y escaños espectacular. Asimismo su absoluto aislamiento político se hizo patente, no consiguiendo el respaldo de ninguna fuerza parlamentaria como consecuencia lógica de su forma prepotente de ejercer el poder, despreciando reiteradamente a la oposición política y hurtando el necesario debate parlamentario que un sistema democrático exige.
Los españoles castigaron duramente la política antisocial del gobierno Rajoy que ha generado niveles de desigualdad jamás conocidos en nuestro país desde los años cincuenta del siglo pasado, con bolsas de pobreza que causan vergüenza(la última encuesta del INE cifra en 28.6% el porcentaje de españoles en riesgo de pobreza y exclusión social) ; una política que ha desmantelado y expoliado los servicios esenciales del Estado de Bienestar con procesos de privatizaciones no exentas de irregularidades y corruptelas, una política que ha destrozado las bases del derecho laboral otorgando a los empresarios una posición de absoluta preponderancia en la relación con sus asalariados. ES ESA ACCIÓN DE GOBIERNO LO QUE SE DEBE ENJUICIAR EN LA NUEVA CITA ELECTORAL DEL 26-J.
A pesar de todo lo dicho, es interesante recordar como prácticamente desde el momento en que se conocieron los resultados, responsables de entidades financieras y corporaciones de gran relieve así como grandes empresarios se lanzaron a vender las bondades de una Gran Coalición PP-PSOE donde podría integrarse la nueva derecha (C´s) en aras a salvar a España del desastre que, según ellos, supondría la llegada al poder de un gobierno desde la izquierda. En mi opinión no se contemplaba en esa propuesta lo mejor para una amplia mayoría social, sino más bien se pretendía seguir perpetuando unas políticas favorables a los intereses de los sectores privilegiados a quienes representan.
Mostraron también los resultados del 20-D una pérdida importante de apoyo electoral al Partido Socialista que por primera vez no era el partido hegemónico de la izquierda política como consecuencia de la irrupción de PODEMOS y las confluencias. Parece razonable pensar que ese resultado conlleve un análisis y reflexión profunda por parte de los máximos responsables de este partido; su larga historia, su importancia para el país y el respeto a sus militantes y votantes así lo exige.
La opinión publicada tras la imposibilidad de formar gobierno, parece mostrar de manera mayoritaria la existencia de una cierta sensación de frustración en la ciudadanía que podría comportar un mayor porcentaje de abstención en la próxima cita electoral de junio; respetando esta hipótesis trataré de explicar mi posición no del todo coincidente con ella:
El escenario que se configuró inmediatamente al resultado electoral era nuevo en nuestra historia democrática reciente y atendiendo a la aritmética parlamentaria muy complicado. La negativa del Sr. Rajoy como candidato de la fuerza política más votada a someterse a la sesión de investidura, lo complicó aún más, impidiendo un debate de investidura que hubiera sido enriquecedor pues hubiera permitido conocer las medidas concretas de su programa de gobierno y sobre todo el posicionamiento de las restantes fuerzas políticas respecto a los temas más importantes que nuestro país tiene que resolver de manera urgente; un debate de investidura que posiblemente hubiera clarificado que acuerdos eran posibles y las fuerzas políticas que podían materializarlos. Esa sesión de investidura del candidato más votado no se produjo y en mi opinión ello complicó más el escenario para un candidato alternativo, como así ocurrió con el loable y fallido intento del candidato socialista Sr. Sánchez.
Los resultados del 20-D parecían en principio favorecer mejor un entendimiento entre las formaciones que representaban el espacio de la izquierda( PSOE, PODEMOS e IU) cuyos programas electorales tenían un número considerable de coincidencias, sumaban un número muy importantes de escaños y no concitaban el rechazo de la mayoría de restantes formaciones políticas parlamentarias, más ello no fue posible; en mi opinión ese entendimiento, deseado por una amplia mayoría de los votantes a esas formaciones, debe hacerse posible en la nueva cita electoral del 26-J; el reciente acuerdo entre PODEMOS e IU para formar coalición electoral puede facilitar ese entendimiento y superando errores cometidos posibilitar un Gobierno para el cambio real desde la izquierda.
Recordando lo publicado en los días anteriores y posteriores al 20-D, recuperando memoria sobre las declaraciones de responsables de entidades financieras muy importantes así como empresarios de gran relevancia, parecía que la posibilidad de que la izquierda (incluyendo a PODEMOS) pudiese formar gobierno significaba una catástrofe de tal nivel que España se despeñaría al abismo. Nada nuevo, se trataba del discurso del miedo siempre utilizado por los poderes económico- financieros de nuestro país que históricamente impidieron que España pudiese confluir en desarrollo y calidad democrática con los países de nuestro entorno; discurso del miedo que ya ha comenzado con vistas a la futura cita electoral y al que ya se ha apuntado la nueva derecha representada por C´s (Ciudadanos). Esas manifestaciones realizadas por cualificadas voces de los sectores más poderosos del país, alguno de ellos corresponsables de la generación de la crisis y sus graves consecuencias para una mayoría social , pretendían por un lado generar miedo en la ciudadanía y por otro condicionar y presionar a las formaciones políticas que podían determinar con su posición un cambio político real desde la izquierda, en concreto al PSOE; hasta que punto consiguieron su propósito es una cuestión a valorar. En mi opinión poco efecto tuvo entre la ciudadanía que votó en un alto porcentaje y a tenor de los resultados, sin miedo a ningún demonio inventado ( a este respecto recordar que en tiempos pasados ese demonio era el PSOE).Si estas presiones influenciaron o no, las decisiones que tomó la dirección socialista es una cuestión que no conozco, más ello no me impide indicar que las decisiones tomadas posteriormente no ayudaban al acuerdo con las formaciones políticas que podían garantizar superar la investidura y consecuentemente formar gobierno. El acuerdo con C´s para la formación de la mesa del Congreso y sobre todo el acuerdo de investidura firmado con la nueva derecha (C´s) hacía prácticamente imposible sumar fuerzas suficientes para investir al Sr. Sánchez, abocando por tanto a nuevas elecciones, como así ocurrió . Si a ello añadimos que, PODEMOS cometió un error grave en relación a la puesta en escena de su ofrecimiento de gobierno de coalición al PSOE y que la nueva derecha (C´s),cuya representación parlamentaria no era determinante para poder garantizar una investidura y la formación de un gobierno, supo aprovechar muy bien el protagonismo que se le regaló vetando la presencia de Podemos en cualquier gobierno que pudiese constituirse, lo que convertía su acuerdo con el PSOE en un instrumento inservible para lograr apoyos y sólo válido para sus intereses partidistas, consistentes en presentarse ante el electorado como una fuerza aparentemente capaz de dialogar con todos, eso sí imponiendo vetos a una formación política que le superaba ampliamente en apoyo electoral, mostrando ya cual iba a ser su estrategia futura, recurrir al viejo fantasma del miedo al comunismo al más puro estilo de una rancia y vieja forma de hacer política. El reciente viaje de su líder Sr. Rivera a Venezuela, de claro corte electoralista y exento de cualquier intento de mediación para ayudar a mejorar la situación política en ese país, y sin embargo repleto de referencias a la política española y ataques a Podemos, así lo atestigua.
Conseguir acuerdos es bueno en cualquier faceta de la vida social y quizá con más sentido en la vida política; más no conseguirlos en un momento concreto no determina en absoluto no puedan producirse posteriormente. En mi opinión estos días de precampaña electoral cara al 26-J han mostrado ya algún ejemplo que puede ayudar a no repetir errores: ante la propuesta realizada por el candidato socialista, Sr. Sánchez, consistente en la posible implantación de un impuesto especifico para garantizar nuestro sistema público de pensiones, toda la derecha( P.P y C´s) ha manifestado su desacuerdo; por el contrario la coalición Podemos- Iu- Equo ha manifestado su interés y acuerdo con la misma. Esta clarificación de posiciones en temas de tanta trascendencia, facilita vislumbrar que tipo de acuerdos serán posibles y que fuerzas políticas podrán concretarlos. Parece lógico que el P.P no comparta la propuesta del Sr. Sánchez toda vez que su gobierno ha saqueado la hucha de las pensiones , ha eliminado el mantenimiento del poder adquisitivo de las mismas y ha inducido a la ciudadanía a que se provean de planes privados de pensiones( quienes puedan obviamente, en ningún caso quienes tengan salarios de miseria que hoy por desgracia son muchos españoles) y C´s no parece estar en posición distinta a la del Partido Popular. Este tema tan trascendental, las pensiones públicas, ha mostrado ya quienes representan modelos sociales muy diferentes y por ello intentar acuerdos imposibles no es el camino para poder conformar un cambio real y necesario en nuestro país.
En mi opinión, no hablaría tanto de fracaso sino de situación nueva y complicada, donde hubo errores graves de la mayoría de actores políticos. Nada dramático por cierto, quizá positivo incluso, si todos, fuerzas políticas y ciudadanos somos capaces de reflexionar buscando lo mejor para una amplia mayoría social.
En relación a la opinión publicada mayoritaria, sosteniendo que la falta de acuerdo y en consecuencia la obligada repetición de elecciones pueda comportar un mayor nivel de abstención, es innegable que ese hecho puede producirse más en mi opinión no necesariamente, y me lleva a pensarlo mi creencia en la madurez de los españoles que hoy conocen más hechos que podrían incitar aún más, su disposición a ir a las urnas:
Los españoles saben hoy que la política antisocial del gobierno del Sr. Rajoy no ha servido ni siquiera para conseguir su sacrosanto objetivo de reducir el déficit tal y como le exigía la troika. Sistemáticamente el gobierno del P.P ha incumplido el objetivo de déficit marcado por Bruselas que en consecuencia impone se realicen más recortes que afectarían a los servicios esenciales (sanidad, educación, dependencia); es decir la salvaje austeridad impuesta a las clases media y trabajadora sólo ha servido para generar sufrimiento y desigualdad; conocen también que la deuda pública de nuestro país supera el 100% del PIB cosa que no ocurría desde comienzos del siglo pasado. Saben también los españoles que un ministro en funciones ha tenido que dimitir por operar en paraísos fiscales, han conocido asimismo que la esposa del exministro y actual comisario europeo ,Sr. Arias Cañete, se acogió a la amnistía fiscal aprobada en un Consejo de Ministros donde él participó, aflorando cifras muy importantes de dinero, así como que ha aparecido en los Papeles de Panamá; asimismo han conocido los ciudadanos que la corrupción estructural del P.P en Valencia era aún más brutal y escandalosa de lo que ya se conocía, financiación ilegal y blanqueo de dinero son algunos de los graves delitos que se imputan a los populares valencianos, también conocen que al Sr. Cotino exdirector general de la policía y expresidente de las Cortes Valencianas se le imputan gravísimos delitos en relación con el viaje del anterior Papa a Valencia(asociación ilícita, malversación de caudales públicos, fraude en la Administración Pública, cohecho pasivo y prevaricación continuada). Asimismo los ciudadanos han asistido a la actuación de un gobierno en funciones negándose a rendir cuentas ante un Parlamento legalmente constituido, mostrando así su escaso talante democrático. Saben también que si el P.P sigue gobernando después del 26-J, seguirá aplicando la política austericida que nos ha llevado a ser uno de los países con más desigualdad y pobreza; a este respecto los ciudadanos han conocido gracias a los medios que el Sr. Rajoy ha remitido una carta al Presidente de la Comisión Europea, comunicándole que aplicará esos recortes después de las elecciones si sigue gobernando. Una vez más la ocultación y la mentira son señas de identidad del comportamiento político del candidato Rajoy.
Saben también los españoles que en la Comunidad de Madrid sigue gobernando el P.P , a pesar de estar enfangado hasta las cejas en casos de corrupción, con el otrora poderoso Sr Granados entre rejas, con sospechas fundadas e importantes sobre actuaciones del expresidente Sr. Ignacio González, con la Gürtel al completo, la trama Púnica extendida al estilo de la Cosa Nostra por una buena parte del territorio regional, y con la muy posible investigación (imputación) por corrupción política a un diputado regional del actual grupo parlamentario popular. Saben los madrileños que la Sra. Cifuentes es desde hace muchos años dirigente muy cualificada de ese Partido Popular y también tienen la certeza que sólo el apoyo de C´s ha impedido una existente alternativa real de cambio. Saben también los madrileños que tras un año del gobierno presidido por Cifuentes y apoyado por C´s , la televisión pública madrileña sigue siendo un instrumento propagandista en manos del P.P, la Sanidad pública madrileña sigue privatizada en un porcentaje elevado, las listas de espera son insoportables y se siguen nombrando gestores sanitarios a dedo. Saben también los madrileños que la actual Delegada del Gobierno en Madrid, Sra. Dancausa, tiene una forma muy peculiar de entender el derecho fundamental de libertad de expresión, quizá imbuida de los principios de la ley mordaza.
Una amplia mayoría de madrileños tienen la percepción de que nada ha cambiado y que el P.P madrileño, cuya gestora preside la Sra. Cifuentes, no toma ninguna iniciativa real contra la corrupción y sólo reacciona tarde y mal cuando la justicia o los medios afloran nuevos casos; también perciben los madrileños la ambigüedad y tolerancia de C´s ante estas situaciones, manteniendo su apoyo al Gobierno de Cifuentes.
Ante las nuevas elecciones , conocido todo lo anteriormente enumerado, se hace necesario que los partidos que apuestan por un cambio real que permita avanzar a mayores niveles de igualdad, participación y progreso, presenten programas electorales con propuestas claras, sin ambigüedades, que beneficien a la mayoría social castigada duramente con la excusa de la crisis. Si esta premisa se cumple, generando por tanto confianza en el electorado, parecería razonable preguntarse:
¿Es razonable esperar que unos ciudadanos responsables, puedan permitir que el P.P siga gobernando? ¿No sería lógico pensar en una afluencia masiva a las urnas para salir de una situación social que está enviando a la pobreza a la clase trabajadora y está destruyendo una parte importante de la clase media?¿ Va a ser posible una vez más, que el miedo impida a una mayoría ser protagonista activa del cambio económico, social y político que necesita?
En mi opinión, desde la confianza en la ciudadanía espero el próximo 26-J una alta participación; sin ignorar el razonable cansancio que puede producir tantas campañas electorales como las habidas en nuestro país en los últimos tiempos, creo sin embargo que los españoles en libertad garantizarán con su voto la posibilidad de realizar un cambio real que pasa por políticas absolutamente opuestas a las realizadas por el gobierno del P.P. Un cambio real que sólo puede hacerse desde la izquierda y que será apoyado por amplios sectores de las clases medias que saben hoy que la persistencia de la política neoliberal defendida por la vieja y nueva derecha lleva a su destrucción. Nos jugamos el porvenir de nuestras generaciones futuras, no podemos dimitir de este compromiso. NO PODEMOS FALLAR."
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